EL PATIO AZUL

Blog del Círculo literario EL PATIO AZUL, en él encontrarás poesía de variada temática, lo social se funde con lo metafísico y aparece reflejado en una filosofía que flota en cada verso. También la narrativa se desliza breve, con talento y sensibilidad.

Thursday, October 26, 2006

AGROPOETICA DEL VALLE DEL SOL





LAS LLUVIAS VIENEN CON LOS GRILLOS


El “Fenómeno del Niño” se produce con lluvias, desbordes e inundaciones.
(Las corrientes de aire generan calentamiento
en las aguas del Pacífico,
y modifican el clima en este sudamericano continente).

“Abren zanjas oscuras en el rostro más fiero” (C.V)
en aquellos humanos que perdieron viviendas,
cosechas, comercio,
y hasta su propia vida.

Sucede desde los pre incas
y ocurrirá ante ojos de quienes nos hereden
en la conservación de la especie.


El “Fenómeno del Niño”
cambia el clima y los colores,
no respeta regiones naturales ni geopolíticas,
ni poblaciones de vivientes,
cualquiera fuera su orden, género y especie.

En 1925, con el devastador Niño,
Apareció un nuevo grillo
Y por sus características biológicas y zoológicas
J.E. Wille lo denominó”Grillón”(Euthophilus sp.)

No es exclusividad del hombre habitar primero la tierra,
antes que él, fueron los insectos.
El viejo Darwin lo sabía:
los insectos (invertebrados y hexápodos)
habitan y se multiplican
donde, el hombre, a veces, no puede.


En 1998 los grillos volvieron con el Niño,
e invadieron hasta los recodos más íntimos del hábitat,
sin distinción de status ni apellidos,
con su color verde negruzco y alas modificadas.

El grillo más dañino para la agricultura
es el “Grillo Chato” (Acheta assimilis);
bruno pajizo pálido es su vestido,
y ataca al algodonero Tanguis
ensuciando el blanco bellota de los valles.

En cambio el “Grillito” (Nemobius sp)
con oscuro traje causa daños a los socas,
anulándoles su deseo de emblanquecer.


Las lluvias vienen con el Grillón, el grillo chato, y el grillito,
Quienes alborotan los huertos amados.



LÍMITE DE CONTROL PARA LOS GRILLOS




A los grillos no les refutaré su existencia,
ni su derecho a multiplicarse.

Sin embargo, estoy en desacuerdo que se conviertan en plaga
e invadan mi habitación,
más aún, cuando no les he invitado.

Ocurre que por la ventana entreabierta
y por la ranura de la puerta,
ingresan a diestra y siniestra.

Por las noches, cuando retorno a mi cuarto solitario,
-los grillos- al encender el foco,
me dan la bienvenida con su sonido estrepitoso.

Los veo transitar por el piso,
descolgarse por la percha,
volar desde las cortinas,
y meditar en mi almohada.

Algunos aceptan y se van,
otros, soberbios, se meten debajo de la cama,
y desde ahí expanden su canto,
y al leer a Otto René Castillo,
(ven patria a caminar conmigo)
me irritan.

Decido controlarlos, porque hacen daño a la agricultura,
y los elimino mecánica, manual y culturalmente.

Los grillos, entonces, saltan a una voz.

Oportunamente, las garzas que vienen del mar
alimentándose de grillos inician otro amanecer.

Así ocurre, en estos días del Niño y del Señor.





AGRÓNOMO ANALIZA LA EROSIÓN Y SU INFLUENCIA


La lluvia, (lo único que cae del cielo)
no sólo violentó la calma de los techos,
ni resquebrajó cimientos de viviendas,
ni tan sólo causó la desolación de madres
ni el lamento de infantes;
sino, además, causó la erosión de los suelos.

El suelo, razón de la existencia del agricultor;
y para todos,
la madre tierra que nos provee de alimentos vegetales.

“El suelo es una colección de cuerpos naturales, ocupando posiciones en la superficie terrestre, que soportan plantas y que tienen características debido a la acción integrada del clima y materia viva, actuando sobre el material originario condicionado por el relieve sobre periodos de tiempo” (ZIREÑA J., DE LA PEÑA, E; 1983)


Las antiguas civilizaciones
idolatraban a la tierra como representación de Dios.

Platón en su Diálogos
Sugería proteger y conservar la tierra.
El hombre constató que se nos va de las manos
y acuñó la concepción ecologista.

El Fenómeno “El Niño”
superó las intensidades, frecuencias y niveles pluviométricos.
Desató la erosión
desprendió y transportó el suelo de un lugar a otro.
Fueron cómplices : la fuerza de golpeo y traslado de agua,
el soplo del viento,
y las ondas fuertes y de gravedad.

El agua indomable se burló del riego regulado,
abrió nuevos cauces e inundó sembríos.
Así sepultó el sacrificio y la esperanza,
inversión y producción de agricultores descendientes del sol.

Los ríos buscan sus antiguos cauces,
porque el hombre no ha sabido reorientarlos.
¿Quién no se va ha conmover
cuando el río y todas las aguas
bajan por las laderas
arrastrando el horizonte “A”?

La erosión abre cárcavas
y las grietas del alma, aquellas que nos estremecen
cuando la naturaleza, sabia,
dinámica e indomable,
transforma sus arquitecturas.



SE CONFIESA PINUS RADIATA AL QUE LLAMAN HOMBRE



Fui semilla alegre brotando embrión,
y con mis latidos de remolinos
navegué en acequias de la Hacienda.

Mi biografía la saben: el suelo, el agua y el clima.

Cubrí hectáreas en alianza de mi especie
y obtuve de la tierra: cuerpo, medidas y peso.

Del humano ostento sensibilidad,
la cual llora a unos metros de mi, cuando podan mis ramas.

Soy Pinus radiata,
forestal mudo que discute sólo en las pendientes,
en este camino que no sabe dónde dobla su angustia.

Mostrar el verde de mis hojas,
ante el día que vuelve como mamut, cansa.

Aún así, permanezco altivo izando la alegría
en la música de mis hojas que caen
cuando venados cansados me lamen.

Y los agrónomos atisban
la sombra vespertina en la oración de labriegos.

Por que en los bosques
el olvido constituye
taladro enfurecido en el interior de mi madera.

Los pájaros abandonan sus nidos
y vibrando en el aire dibujan su alfabeto,
el sueño de las magnolias
y el concierto de la primavera.

Hormigas recorren mi tallo de viejo Pino,
y enhiesto me enfrento al otoño.

Y –cuando llueve-
giro alegre en el alma de un niño
que salta en torno a los geranios.

Los corderos apenados
miran mis hojas inalcanzables, y balan.

Toros celosos
me cornean y desgajan en leños,
al ver que sus vacas, agitando la cola,
pasan su lengua por mi corteza exquisita.


La madre tierra, con sus aguas subterráneas
se abre para hundirme más y más.


Mis ramas caen
como rumiantes desnucados.

Y mi cuerpo madero conversa con la neblina.

De hombre, tengo biología,
familia y especie botánica que ignoro.

Así me doy en los bosques,
en huertos de monjas
y en alamedas de prisioneros.

Emocionado,
me imagino
como árbol de navidad,
iluminado artificial
al recobrar la esperanza de los desposeídos.

En mi final, escucho a los serruchos accionar.

Soy útil en la construcción de viviendas,
y transformado en camastros
despierto a los amantes en lejanos hoteles.

Soy viejo Pino amigo del leñador,
y sirvo de muleta a los ciegos atropellados.

He de ser madera de puerta,
Sé que los toques me confiarán las intenciones de los visitantes.

En los aserraderos,
discuten mi resistencia al tiempo,
en ese momento
mi corteza me recuerda mi simbiosis humana,
cuando el sol desciende en lontananza,
y en mis brazos de Pinus radiata
los gorriones celebran la lluvia.

Entonces, rompo y sacudo mis raíces,
y vuelo totalmente Ícaro.
Bethoven Medina Sánchez

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