EL PATIO AZUL

Blog del Círculo literario EL PATIO AZUL, en él encontrarás poesía de variada temática, lo social se funde con lo metafísico y aparece reflejado en una filosofía que flota en cada verso. También la narrativa se desliza breve, con talento y sensibilidad.

Saturday, November 04, 2006

Everardo Zapata: "Han querido prohibir el libro Coquito, no pudieron"



¡Levante la mano quien no haya aprendido a leer con el libro Coquito! El año pasado, la primera edición de este texto escolar cumplió 50 años y sigue editándose y vendiéndose en otros países. Conversamos con Everardo Zapata, su creador, quien nos anuncia que, próximamente, entrará en Estados Unidos.

"En el año 46 me gradué de maestro. Y los sueldos eran bastante buenos, pero la educación estaba por los suelos. Recuerdo que me impactó regresar a mi tierra y encontrarla en pobreza extrema. El índice nacional de analfabetismo estaba en 72%", rememora el profesor Everardo Zapata.

¿Dónde empezó a enseñar?A mí me asignaron una de las mil escuelas creadas por Bustamante y Rivero. Me tocó ir a Punta de Bombón. Pero yo no quería dictar en primer grado. Tuve un profesor que nos contó que enseñar a leer -había sido profesor de francés- era muy difícil. Pero con el tiempo entendió que el castellano es una lengua privilegiada, porque se lee como se escribe. Entonces, no sé por qué -nos decía este profesor- el ministerio de Educación quiere que usemos métodos franceses o norteamericanos. Y nos impulsó a crear un método para el español.
Y usted se animó. Yo sufrí mucho para sacar a niños leyendo. Solo los talentosos lo lograban. Entonces me embarqué a trabajar en otro método. Me tomó siete años. En el quinto año, en una reunión de profesores en Mollendo, me animaron a que expusiera mis puntos de vista. Parece que les gustó a las autoridades, que me propusieron hacer un libro oficial. Así salió.

¿Cómo se le ocurrió hacer el libro Coquito? Con palabras ordenadas por sílabas, frases como 'mi mamá me mima', lleno de dibujitos, etc. En esa época los libros tenían un solo dibujo chiquito. Pero tampoco podía hacerse por deletreo -alfabético- ni por sílabas. Eso era retroceder. Los franceses y los norteamericanos recomendaban las oraciones. Entonces, me puse al medio. Como no podía ilustrar todas las palabras, las agrupé de tres en tres, pero en grupos que tuvieran consonancia. Por ejemplo: tina, tuna y tono; o rosa, risa y rusa. Ilustré la primera, para que el niño la leyera. Y, para que fuera más allá del silabeo, le puse otras palabras parecidas que leyera de golpe.

¿Usted hizo los dibujos de sus primeros trabajos?Yo tenía un amigo, que falleció hace poco, que dibujaba. Uno de sus hijos era mi alumno y yo le daba la página al niño y le pedía que le dijera a su papá que le hiciera los dibujos. 'Mi papá dice que no tiene tiempo, que está ocupado', me contestó una vez. Yo le dije, 'ponte a llorar y vas a ver que te hace caso' (ríe). Y funcionó.
¿Se enteró para qué eran?Sí. Una vez llegó a la escuela, donde, a la hora del almuerzo, yo me reunía con otros maestros a juntar palabras. Cuando nos vio, me dijo: 'Everardo, te vas a volver loco. ¿Cómo pretendes hacer un libro? Estamos en un pueblo. Déjale ese trabajo a los curas o a los catedráticos'. '¿Qué te pasa?', le dije. 'Los catedráticos harán libros sobre sus temas, pero somos nosotros, los profesores de primaria, los que estamos en contacto con los niños; nosotros tenemos que hacerlo'. Él terminó escribiéndome el prólogo.

¿Cómo fue perfeccionando el libro?Uno nunca termina. Todos los años, encuentro algo que perfeccionar: palabras mejores, oraciones más apropiadas. Muchos autores colocan oraciones cursis. Y ahí me doy cuenta de que no ha enseñado a leer. Una vez vi uno que decía 'Dido y su dedo'. ¿Qué es eso? No puedo preguntarle nada al niño sobre aquello. En cambio, si digo, 'mi mamá sale a la calle', puedo preguntarle ¿quién sale a la calle?, ¿qué hace mi mamá? Tienen que tener sujeto y predicado.

¿Fue difícil que la gente usara el libro o fue un éxito desde el comienzo?Cuando terminé mi libro, un periodista sacó un artículo en Arequipa y un editor se interesó. Yo le dije para hacer 20 mil ejemplares. Pero me respondió que era una exageración. Al final se animó por 5 mil. El libro salió el primer día de clases, 1 de abril. Al final del mes se había acabado.

¿Cómo aprendieron los profesores a enseñar con el libro?Pese a que yo era tímido, me lancé a dar conferencias. Y también hice circulares presentando y explicando el libro. Y las mandé a todos los pueblos. Antes había un servicio de correo excelente y se podía enviar el libro por giro postal. Y llegaron respuestas de sitios alejados como Luya, en Amazonas, o Moya, en Huancavelica. El primer año vendí 12 mil; el segundo, 17 mil; después, 27 mil, luego 35 mil y, el quinto año vendimos 49 mil. Nunca se había visto un libro con tantas ilustraciones. Fue un éxito.
El libro se vende afuera del Perú, ¿no?Se vende en 12 países de habla hispana. Y vamos a entrar a los Estados Unidos, donde hay 44 millones de hispanohablantes que, en un cincuenta por ciento, hablan y escriben en inglés y hablan en castellano, pero no lo leen.

¿Lo ha visto?Estuve hace poco en California y Florida y me metí a las tiendas, mientras mi mujer y mi nuera se iban a comprar cositas. Yo conversaba con las empleadas no para galantearlas sino para preguntarles cómo habían aprendido a leer castellano. Me dijeron que se demoraron mucho, varios años, porque allá no hay libros para eso. 'Hay otras señoritas que han traído un libro que se llama Coquito, con el que aprenden en tres meses', me contaban. Yo no decía nada. Lo hacía para que escuchara mi hijo. En otra tienda, me encontré con una señora que buscaba un libro para enseñarle a leer a sus hijas de 16 y 8 años, que sabían inglés, pero no castellano. 'Estoy buscando algún libro que se parezca a Coquito', me decía.
¿Ha habido alguna época complicada para el libro?En la época del gobierno militar, con la reforma de la educación, quisieron suprimirlo. Tenía como 50 competidores, pero eran improvisados. Hasta las imprentas improvisaban libros. Pensaban que bastaba poner dibujitos y cualquier palabra. No es así. Todo tiene una razón. Al final, la competencia se retiró. Los militares impusieron otro libro, pero los profesores usaban el Coquito por debajo de la mesa, porque era mejor.

¿Cuál ha sido su mayor tiraje?Llegué, en el 81, cuando los militares se fueron, a 720 mil. Ahora tengo otra vez como unos cincuenta competidores, porque hace años que quieren evitar que se use mi libro. Siempre hay, pues, amarres, dentro del Ministerio de Educación. Pero si le preguntaran a los profesores qué libro prefieren, escogerían Coquito, sin lugar a dudas. Lo importante del Coquito es que lo he hecho dentro del aula. De mis 30 años de docente, dediqué 29 a enseñar a leer. Soy el más grande repitente de primer grado (ríe).

Ha recibido críticas, ¿no? Sí, muchas. Hay quienes se refieren al Coquito como si fuera un monstruo. Y cada año le cambian de libro a los profesores. Si dejaran trabajar a los maestros con el Coquito y lo usaran como debe ser, no estaríamos compartiendo el último puesto en lectura del continente.

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