EL PATIO AZUL

Blog del Círculo literario EL PATIO AZUL, en él encontrarás poesía de variada temática, lo social se funde con lo metafísico y aparece reflejado en una filosofía que flota en cada verso. También la narrativa se desliza breve, con talento y sensibilidad.

Tuesday, June 13, 2006

LA SECRETARIA 8:00 a .m. / Jaime Abanto Padilla




























La secretaria se levanta temprano, se mira al espejo y descubre que su rostro se ha llenado de diminutas arrugas, sus ojos se están achinando con unas patas de gallo que han asomado hace poco, empieza a preocuparse por estar quedando sola en la vida. Todas sus amigas se han casado, tienen familia, esposo, hijos, una casa propia y cómoda, un auto y muchos domingos para visitar a los suegros. Empieza a preocuparse porque se acerca a los cuarenta y no ha encontrado a alguien como el resto de sus hermanas, una se casó con un ingeniero agrónomo, ahora reside en Inglaterra, Otra con un agente de bolsa y ahora vive en centro América, la otra trabaja en un banco y está casada con dos hijos. El tiempo empieza ser una preocupación. Despacio se coloca en un gancho en el pelo enredado y se mete a la ducha, el agua que la toca también sabe que su cuerpo ya no es el mismo de hace veinte años, ahora es más áspero, la piel menos tersa. Se viste, desayuna ligero y va a la oficina a dos cuadras de su casa. Su sombra en la acera tampoco es la misma, está más gastada. El asunto de vivir en una casa con las sobrinas y la madre anciana no es algo que le agrade, la pensión del padre difunto apenas da para la casa, la casa es grande y los servicios son caros. Martha camina apresurada entre la gente, su paso deja una estela de perfume caro, perfume que empieza a hacerse cada vez más caro, perfume que se va alejando del sueldo cada vez más corto. El olor de la gente le incomoda, el sudor de los transeúntes que la rozan, que la asedian con la mirada, ella se aferra a su cartera, con fuerza con ansias, está casi colgada de ella, este mundo de pobres le es hostil, talvez porque ella es tan pobre como ellos pero ella se resiste a esa pobreza, se pelea con ellas a mordiscos, con las uñas pintadas y limadas decentemente, con el chanel y con la chompa tejida lana perlita, con los tacos aguja y los zapatos de cuero que le envió la hermana de Inglaterra.

Llega a la oficina y el portero como siempre le sonríe con esa sonrisa que ella ha detestado hace siete años diariamente, esa sonrisa de indígena redimido la fastidia, la fastidia esa postura de portero ordinario, las manos atrás sacando pecho, la frente hacia arriba, con una mirada digna. No entiende como un pobrete tan grande puede tener mirada digna. Sonríe también al pasar, entra apurada, su taco tropieza en una baldosa desalineada, cada día es lo mismo, hasta el tropiezo es el mismo, la misma prisa, los mismos anatemas y las mismas ganas de casarse inmediatamente con un príncipe azul y con cuenta bancaria, no con un pobretón. Por eso no puede casarse con Toño, el hambre y la necesidad son mala dupla. Mala manera la de empezar el día, con la angustia de sentirse vieja y sola, con poco tiempo por delante.

Su lúgubre oficina llena de papeles, la vieja máquina de escribir sobre el vetusto escritorio, la sillita de esponja con forro de marroquín que ha empezado a romperse mostrando sus entrañas de un relleno corriente, barato, como todo lo que ella detesta.

El sol de la mañana entra tenue por la ventana en los rayos que caen al piso se ve con claridad los millones de partículas cayendo lentamente al recinto, ese polvo también la molesta, tener que limpiarlo cada mañana, ahuyentarlo de los muebles cotidianamente, la franela verde entre sus manos era un trozo de vida agitando sus ideas, alborotando todo el minúsculo mundo de ideas y pensamientos. Ordenó los papeles con calma, con miedo, con ira. El ruido de las bocinas de la calle le llegaba también con molestia, con gran velocidad atravesaban la ventana y llegaban a ella como la voz de su amargura que le repetía su tragedia, sus años, su anticipada vejez.

-¿Un café? - Preguntaba al hombre de gris que había cruzado la puerta en espera del señor Ramírez. El hombre de gris había inundado la habitación de un fuerte perfume, su terno impecable lo delataba como alguien importante, su rostro bien afeitado adivinaba una suavidad mágica y el reloj en su brazo reluce al igual que su sonrisa.

-No, gracias- Y sentado espera auscultando minuciosamente los cuadros colgados en la pared, la Gioconda con su sonrisa enigmática, la ventana con su rayo de luz atravesándola, los millones de partículas de polvo que se filtran desde la calle. El negro piso encerado y gastado. Una voz desde la radio hablaba del precio del dólar.

4 Comments:

  • At 8:25 PM, Blogger Silvia Porras said…

    Este cuento desperto viejas memorias, otros tiempos, otras personas -que quiero o respeto- perdidas en mundos paralelos que solo tienen existencia en sus suenos. Gracias.

     
  • At 7:48 PM, Blogger elpatioazul said…

    También fueron mis viejas memorias las que motivaron el cuento. Aquellas que hoy habitan en el mundo distante y cercano de los recuerdos. Gracias Silvia.

     
  • At 7:29 AM, Blogger JAIME ABANTO PADILLA said…

    También fueron mis viejas memorias las que motivaron el cuento. Aquellas que hoy habitan en el mundo distante y cercano de los recuerdos. Ese espacio fantasmal e imaginario de los sueños del que somos habitantes extraños cuando los días y los años sepultan los momentos de ahora que van ser parte de nuestro inevitable y eterno ayer.Gracias Silvia.

     
  • At 7:31 AM, Blogger JAIME ABANTO PADILLA said…

    También fueron mis viejas memorias las que motivaron el cuento. Aquellas que hoy habitan en el mundo distante y cercano de los recuerdos. Ese espacio fantasmal e imaginario de los sueños del que somos habitantes extraños cuando los días y los años sepultan los momentos de ahora que van ser parte de nuestro inevitable y eterno ayer.Gracias.

     

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